lunes, 26 de agosto de 2013

La regadera misteriosa

Felipito Tacatún era muy distraído. Distraído, boquiabierto y desmemoriado.
Qué le vamos a hacer, cada cual tiene sus defectos, ¿no?
Una vez la mamá lo mandó a regar las plantas.
Felipito, naturalmente, se olvidó de llenar la regadera.
Y ni siquiera se dio cuenta de que igual salía agua y que las flores bebían muy contentas.
Al rato fue la mamá al jardín y vio que las plantas estaban medio loquitas.
Las flores se reían y bailaban el vals, mientras las hojas aplaudían y los yuyos dormían la siesta.
-  ¿Con qué has regado estas plantas, Felipito?
- Con la regadera, mamá.
- Pero esa regadera no tenía agua, sino vino- dijo la señora de Tacatún - porque estas plantas están todas borrachitas.

Efectivamente, estaban borrachitas.
Felipito trajo la regadera para que su mamá la inspeccionara y ¡OH sorpresa! esta vez la regadera no estaba llena de vino, sino de leche.
La mamá se apresuró a preparar una enorme mamadera para el hermano de Felipito.
Cuando terminó dijo:
- Felipito, alcánzame otra regadera de leche.

Y cuando su hijo se la alcanzó, resulta que estaba llana de jugo de naranja con azuquítar.
Naturalmente, Felipito se lo tomó todo sin respirar.
Y así siguieron las cosas.
No había duda de que la regadera era mágica, misteriosa y chiripitiflaútica.
Un día se llenaba de leche, otro día se llenaba de tinta china, otro día se llenaba de caldo de gallina, y los domingos se llenaba de cerveza.
Así, porque sí.
Pero jamás, réquete jamás volvió a llenarse de agua.
Qué lindo, ¿no?
Pero, ¿y las plantas?, preguntarán ustedes.
Hubo que regarlas, en adelante, con la manguera. Y de esta manera se acaba el cuento de la regadera.

De María Elena Walsh.

miércoles, 7 de agosto de 2013

2° grado: Taller de Convivencia solidaria y responsable

¡Hola Chicos!


Hoy vamos a hablar sobre el mundo real y el mundo virtual, y las acciones que realizamos en ambos espacios.


















 











 









 









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Les compartimos una actividad que vamos a realizar con los profes en las netbooks.
1) Hagan click sobre Ficha de trabajo 
2) Descargar el archivo en DATOS D:
3) Abrir el Libre Office y completar las fichas!


Las Profes











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A completar las fichas!


jueves, 27 de junio de 2013

La Plapla de María Elena Walsh


Para escuchar atentamente

LA PLAPLA

María Elena Walsh



Felipito Tacatún, estaba haciendo los deberes. Inclinado sobre el cuaderno y sacando un poquito la lengua, escribía enruladas "emes", orejudas "eles" y elegantísimas "zetas".

De pronto vio algo muy raro sobre el papel.

- ¿Qué es esto?, se preguntó Felipito, que era un poco miope, y se puso un par de anteojos.

Una de las letras que había escrito se despatarraba toda y se ponía a caminar muy oronda por el cuaderno.

Felipito no lo podía creer, y sin embargo era cierto: la letra, como una araña de tinta, patinaba muy contenta por la página.

Felipito se puso otro par de anteojos para mirarla mejor.

Cuando la hubo mirado bien, cerró el cuaderno asustado y oyó una vocecita que decía:

- ¡Ay!

Volvió a abrir el cuaderno valientemente y se puso otro par de anteojos y ya van tres.

Pegando la nariz al papel preguntó:

- ¿Quién es usted señorita?

Y la letra caminadora contestó:

- Soy una Plapla.

- ¿Una Plapla?, preguntó Felipito asustadísimo, ¿qué es eso?

- ¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.

- Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.

- Ahora ya lo sabes. Has escrito una Plapla.

- ¿Y qué hago con la Plapla?

- Mirarla.

- Sí, la estoy mirando pero... ¿y después?

- Después, nada.

Y la Plapla siguió patinando sobre el cuaderno mientras cantaba un vals con su voz chiquita y de tinta.

Al día siguiente, Felipito corrió a mostrarle el cuaderno a la maestra, gritando entusiasmado:

- ¡Señorita, mire la Plapla, mire la Plapla!

La maestra creyó que Felipito se había vuelto loco.

Pero no.

Abrió el cuaderno, y allí estaba la Plapla bailando y patinando por la página y jugando a la rayuela con los renglones.

Como podrán imaginarse, la Plapla causó mucho revuelo en el colegio.

Ese día nadie estudió.

Todo el mundo, por riguroso turno, desde el portero hasta los nenes de primer grado, se dedicaron a contemplar a la Plapla.

Tan grande fue el bochinche y la falta de estudio, que desde ese día la Plapla no figura en el Abecedario.

Cada vez que un chico, por casualidad, igual que Felipito, escribe una Plapla cantante y patinadora la maestra la guarda en una cajita y cuida muy bien de que nadie se entere.

Qué le vamos a hacer, así es la vida.
Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra, ¿no?
  
҉CURIOSIDAD  CURIOSIDAD  ‫‬‭‮‪‫‬‭‮҉‫‬‭‮‪‫‬‭

En la web se replicó la aparición de una letra rebelde, sin nombre, pero que bien podría bautizarse como Plapla, a modo de homenaje.
La letra en cuestión es esta:  ‫‬‭‮‪‫‬‭‮҉‫‬‭‮‪‫‬‭
No todas las computadoras la pueden reproducir, pero los que sean capaces de verla, cópienla y péguenla en la barra de direcciones del navegador y prueben escribir una palabra.
‬‭‮‪‫‬‭‫‬‭‮‪‫‬‭‫‬‭‮‪‫‬‭‮҉  Por forma y por “conducta” si una letra merece llamarse Plapla, es esta.
‫‬‭‮‪‫‬‭‮

Ahora no, Fernando

lunes, 3 de junio de 2013